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¿Por qué analizar sus sueños?

El soñar es una función fisiológica tan habitual como, por ejemplo, la necesidad de dormir, de comer o la de ir al servicio.


    Es cierto que hay personas que dicen que no tienen sueños, pero lo cierto es que sí que los tienen, aunque lo que ocurre es que no los recuerdan al despertar.

    Los neurofisiólogos e investigadores del acto del dormir saben muy bien de ello hasta el punto de afirmar que la ausencia de sueños es incompatible con una vida sana o incluso con la vida. Todos soñamos porque nuestra vida psíquica inconsciente nunca para. No cesa, al igual que no lo hacen nuestro sistemas reguladores a nivel físico. Nuestra psique inconsciente es, como mínimo, como la compleja maquinaria de nuestro organismo que, a un nivel orgánico, controla nuestra vida de una forma totalmente involuntaria. Podemos pensar que somos dueños de nosotros mismos, pero lo cierto es que lo más que podemos hacer es coordinar algunos movimientos motores, el resto del organismo funciona de manera autónoma. El sistema cardiorespiratorio, inmunológico, endocrino o nervioso, entre otros, tan imprescindibles, no necesitan ninguna participación voluntaria del consciente. Es más, son la base de nuestra existencia como seres vivos.

    Lo mismo ocurre a nivel psíquico. La psique inconsciente es la base de nuestro psiquismo y sobre la que se sustenta la psique consciente o lo que podemos controlar de nosotros a nivel mental.

Recomiendo la lectura del artículo titulado “El dormir, el soñar y la vida onírica”.
 
Para explicar lo que es el consciente o el inconsciente a las personas que por primera vez analizan sus sueños conmigo, suelo utilizar la siguiente comparación:

    “Imagínense que el despacho en donde nos encontramos es su psique CONSCIENTE o lo conocido. Usted está aquí y es capaz de mirar hacia todos los lados para conocer o, mejor dicho, reconocer las cosas que hay en el cuarto. Sin embargo, usted no puede mirar todo al mismo tiempo, sólo puede dirigir su mirada hacia un lado u otro. Así, llamamos YO CONSCIENTE o COMPLEJO DEL YO a usted mismo, a la parte de nuestro consciente que de una forma autónoma y voluntaria es capaz de reconocer su psique CONSCIENTE. Es decir, lo que sabemos o recordamos de nosotros. Si yo le pregunto sobre su vida familiar, sobre su trabajo o sobre sus relaciones presentes o pasadas, usted como YO CONSCIENTE dirigirá su atención hacia el lugar donde puede encontrar la información adecuada y contestar lo mejor que puede.

    Por otro lado, imagínese que lo que no es este cuarto es su psique INCONSCIENTE o lo desconocido. Usted no sabe nada de lo que hay fuera de aquí porque el YO pertenece al CONSCIENTE. Sólo en el caso de que algo o alguien entre en esta habitación usted podrá conocerlo o, tal vez reconocerlo, si ya estuvo antes al alcance del YO.

    Así pues, si sería absurdo reducir el mundo sólo a este despacho, es igual de inadecuado reducir su psique sólo a la que ahora conoce. El pasado psíquico de usted que ya no recuerda o no reconoce estará en lo que llamamos INCONSCIENTE PERSONAL, mientras que la base de su existencia psíquica y todo lo que está por llegar a ser consciente reside en lo que se conoce como INCONSCIENTE COLECTIVO porque es común para todos, al igual que el mundo en que vivimos.”


Para quienes esté interesados en conocer mejor o profundizar en estos conceptos, les invito a leer el CAPÍTULO 2 de la tesis doctoral titulado: “Breve exposición de algunos de los conceptos básicos en Psicología Analítica”.

Los sueños no son un subproducto del consciente en forma de residuo psíquico sino un producto producido por el inconsciente que se vive conscientemente aunque sea por unos momentos durante el acto del dormir, aunque luego se nos olvide al despertar.

    Las personas que suelen recordar sus sueños o que al menos recuerdan algunos, saben de lo vital que es este hecho.

    Cuando uno sueña la experiencia es increíblemente tan real como la que vivimos despiertos. Por ello Carl Gustav Jung gustaba de utilizar el término de REALIDAD PSÍQUICA para toda experiencia humana tanto si estamos despiertos como dormidos, ya que en todo momento nuestra psique está viva.

    Por tanto, si el sueño es una experiencia vital, si el sueño es un producto de nuestra psique, ¿por qué no analizarlo como hacemos con nuestra vida consciente, nuestra sangre o nuestras excreciones?, ¿por qué no investigar este material psíquico, que es totalmente nuestro, a la hora de buscar alguna solución ante un problema o, simplemente, para intentar conocernos mejor?


Llevo más de treinta años analizando sueños y les aseguro que la riqueza de los sueños es comparable a la riqueza de todo el conocimiento humano.

    Es más, es un pozo sin fondo parecido al océano profundo o al cosmos. Una fuente de información y sabiduría que hace que me entristezca y me indigne cuando otros la tratan como “basura psíquica”. Mis analizados saben muy bien de ello. Podemos no llegar a obtener toda la información que desearíamos o incluso las conclusiones pueden ser erróneas, pero el material no nos es indiferente.

    Hay mucha investigación y mucho dinero invertido en análisis clínicos o en análisis de imagen, como el TAC o la RMN, pero: ¿Cuánto hay invertido en el análisis de sueños? Aquellos que nos ocupamos profesionalmente de ello sabemos lo que está costando que esta herramienta diagnóstica y de tratamiento se incorpore a la clínica como otras la hicieron antes. Sin embargo, nuestra experiencia nos anima a seguir adelante, sobre todo cuando vemos el beneficio que reporta a nuestros analizados.

    Imagino la desconfianza que supuso los primeros estudios de, por ejemplo, la sangre y, sin embargo, cuanto sabemos hoy de ella. Es tal el conocimiento general que se tiene del análisis de sangre que es habitual que una persona nos solicite un análisis a modo de chequeo o porque se sienta enferma. A veces este requerimiento ocurre con el análisis de sueños, pero no es lo habitual porque lo normal es que en general se tenga desconocimiento de la utilidad de los mismos. Desde luego la comunidad científica no ayuda mucho en ello, pero sobre todo no ayuda la mala información que transmiten los medios culturales, como los medios de comunicación o el cine, en donde los sueños se confunden con “deseos” o se relegan a ser “recuerdos traumáticos” o “imágenes visionarias del futuro”. Les aseguro que esta es una forma bastante obtusa de interesarse por el contenido de los sueños.


El CAPITULO 5 de la tesis titulado: “Las funciones del sueño” aborda esta posibilidad, pero sobre todo, nos introduce en otras funciones mucho más habituales que nos aportan los sueños.

Más de una vez he escuchado la frase: “los sueños no tienen sentido, no los entiendo”.

    Desde luego sería todo un milagro el que uno pudiera entender algo así sin antes no adquirir conocimiento de ello.

    Por ejemplo, el chino nos suena a “chino”, pero cuando alguien lo estudia enseguida se da cuenta de que “esos sonidos tan raros” tienen sentido y puede entenderlos. No obstante y en cualquier caso, si necesitamos saber lo que nos está diciendo un chino simplemente podemos buscarnos un traductor. No hace falta aprender chino. Así como que, no hace falta aprender a analizar la sangre para interesarte por el resultado del mismo. Confiamos en el buen hacer del analista de laboratorio y en nuestro médico.

  Lo mismo ocurre con el análisis de sueños: si el material del sueño nos resulta desconocido, o aprendemos a analizar sueños o buscamos un analista que nos ayude a entenderlos, un profesional que conozca el lenguaje simbólico y que “nos lo traduzca” a un lenguaje cotidiano
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Decíamos que los sueños son material inconsciente que parcialmente son vividos mientras dormimos, pero que el problema es que a veces no los recordamos al despertar. Yo suelo decir a mis analizados que adopten “la actitud del pescador”.

    Es decir, el pescador sabe que en el rio o en el mar hay peces, pero que no los pescará si no utiliza la caña y espera pacientemente a que piquen. Algo parecido ocurre con el soñar: si hay una cierta actitud del YO consciente en ser receptivo a sus sueños, estos pueden ser mejor recordados y, por así decirlo, “no se escapan”.

    Yo aconsejo que, al principio, se tenga algo para escribir cerca de la cama y que, si nos despertamos durante la noche recordando un sueño, apuntemos algunas palabras para luego, por la mañana, “tener un hilo del que tirar” y así poder recordar el sueño lo más completo posible. Aunque es verdad que, al igual que un pez puede saltar del agua a donde estamos, un sueño puede tener tanta fuerza o puede ser tan vivido, para bien o para mal, que es difícil que se nos olvide.


No importa que un sueño sea corto, casi como una idea o una imagen, o que sea una fracción de un sueño más largo, o que nos parezca “tonto”. Cuando estamos en un momento difícil o de conocimiento personal todo material es valioso.

    Son como elementos de investigación que la policía utiliza para su trabajo o como piezas de un puzle que adquieren sentido cuando empiezan a juntarse. No lo despreciemos porque no nos parezca importante o porque nos parezca una “mala copia” de nuestra realidad vivida días antes. El contenido del sueño siempre nos aporta algún dato que complementa lo vivido y que enriquece la visión del asunto tratado.

¿Esto significa que debemos estar preocupados continuamente por nuestros sueños? En mi opinión no es necesario.

    Sólo debemos interesarnos especialmente por ellos cuando nos encontremos con un problema que nos esté afectando, sea a nivel físico o psíquico, cuando deseamos adquirir un mejor conocimiento de nosotros mismos, cuando tengamos un sueño que lo consideremos importante o cuando el sueño se nos repita a menudo.

    A parte de esto y según lo ya dicho, cualquier sueño puede ser de interés sin caer en la obsesión de estar más preocupado por la vida durante el soñar que la vida del despertar porque, en ese caso, nos convertiríamos en aquellos científicos “chalados” que están tan inmersos en sus investigaciones que se olvidan de cubrir las necesidades más básicas de la vida. Lo adecuado es que ambas vidas se complementen para intentar mantener un sano equilibrio psíquico o, al menos, pretenderlo.


Uno de los inconvenientes que se les achaca al análisis de sueños es que no es un método exacto, que es poco científico.

    Bueno, esto puede ser cierto, pero no por ello resta importancia a esta herramienta de trabajo. Todo lo contrario, de hecho el trabajo de analista va más allá del método científico para complementarse también como un arte. Es posible que no haya dos análisis de sueños iguales, pero es que tampoco hay dos traducciones iguales de un texto, ni tampoco dos interpretaciones iguales de un análisis de sangre.

    El psicólogo o el médico en su profesión no deben comportarse como una máquina de laboratorio o un ordenador que sólo busque la exactitud en sus datos sino que debe incorporar su idiosincrasia personal, su propio arte en su quehacer diario. Es más, el analista de sueños debe incorporar a su conocimiento del método de trabajo, el conocimiento de lo que su propio inconsciente le aporte y de su propio proceso personal. No somos máquinas, somos seres humanos.


Es cierto que el desarrollo del análisis de sueños aún está en sus inicios y que existen tendencias o métodos diferentes de trabajo.

    Esto puede resultar confuso y “poco científico”, pero les aseguro que así es como avanza el conocimiento. Lo que ayer era válido, hoy puede que no lo sea. Pero ello no resta interés en seguir investigando y trabajando para mejorar nuestro conocimiento del mundo y de nosotros mismos.

Como se puede deducir del contenido de esta página web, mi método de trabajo procede de la escuela que se fue creando con el trabajo de Carl Gustav Jung y su propuesta de Psicología Analítica.

    Sin embargo, no sería justo decir que mis análisis siguen al pie de la letra lo que Jung proponía porque, como ya antes he comentado, mi idiosincrasia personal impide que esto sea así. Sería una osadía igualarme a Jung o a otros extraordinarios analistas que siguen esta línea de trabajo. En realidad sería una mala copia. Yo tengo que ser yo. Por eso no es adecuado evaluar el análisis de sueños y sacar conclusiones del mismo a través de un solo analista. Así, al igual que podemos pedir la opinión de varios especialistas, podemos evaluar la utilidad o no del análisis de sueños consultando con varios analistas o con profesionales de diferentes escuelas.

Mi nombre, como usted ya sabe, es Miguel Ángel Sánchez-Quiñones Pérez y le invito a tener la experiencia de tener un análisis conmigo. No puedo garantizarle el resultado porque sería mentirle, pero al menos si les garantizo que le daré a su sueño y a usted toda la atención que se merece.

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